Fue un acto sin precedentes cuando economistas, sociólogos y otros intelectuales coincidieron plenamente, al principio del tercer milenio, que el mundo estaba al filo de una era de cambios masivos y excepcionales. Cambios tan dinámicos y de gran alcance que reacomodarán todas las facetas de la sociedad para ser virtualmente irreconocibles dentro de los próximos 20 a 30 años. Incluso las industrias tradicionales, como la vitivinícola, no podrán evadir estas metamorfosis. En un intento de establecer un ámbito acorde a los enormes cambios del siglo XXI, la industria del vino de ciertos países y regiones productores líderes han realizado asiduamente un profundo análisis de las tendencias globales en el ambiente del negocio del vino y han comenzado a planificar en función a los escenarios más probables.
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