Al final de estos dos años de experimentación a escala industrial, se ha podido validar el interés analítico y organoléptico de esta nueva técnica.

Analíticamente, el calentamiento de los mostos permite obtener, si se efectúa a una temperatura lo suficientemente elevada, la estabilidad proteica de los vinos sin tener que recurrir al tratamiento con bentonita. Por otro lado, siempre con temperaturas lo suficientemente elevadas, los microorganismos contaminantes del mosto se pueden reducir de forma significativa. Cuando se respetan las buenas prácticas enológicas, los parámetros analíticos clásicos de los mostos y vinos no sufren ningún impacto negativo ni por efecto de la técnica de calentamiento ni por las condiciones de trabajo

Desde un punto de vista organoléptico esta técnica permite obtener unos vinos más complejos aunque las condiciones de trabajo influyen en el resultado.