El monitoreo microclimático, la cartografía térmica y los modelos predictivos pueden ayudar a identificar las zonas más vulnerables y mejorar las estrategias de protección frente a las heladas.

Las heladas primaverales representan uno de los riesgos climáticos más difíciles de gestionar en el viñedo, en parte debido a la importante variabilidad de las temperaturas que puede producirse incluso dentro de una misma parcela. Las diferencias de altitud, pendiente, exposición, circulación del aire y condiciones del suelo pueden generar zonas muy localizadas especialmente vulnerables a las heladas.

En Saint-Émilion, un sistema experimental de monitorización combina sensores instalados en el viñedo con datos meteorológicos históricos, información georreferenciada, imágenes satelitales y estudios térmicos para mejorar la predicción del riesgo de heladas a escala de viñedo.

Los sensores miden de forma continua parámetros como la temperatura y humedad del aire, la temperatura y humedad del suelo, el viento, las precipitaciones, la humedad foliar y la radiación solar. Estos datos se utilizan para desarrollar modelos predictivos y mapas de riesgo que ayudan al viticultor a decidir cuándo y dónde activar los sistemas de protección contra las heladas.

Una predicción más precisa permite dirigir mejor las medidas de protección, mejorando su eficacia y reduciendo al mismo tiempo el consumo innecesario de agua, energía y otros recursos.

El siguiente breve vídeo muestra cómo estas tecnologías pueden integrarse para mejorar la predicción del riesgo de heladas y favorecer una gestión más precisa del viñedo.

Vinidea, en colaboración con SIVE, socio del proyecto AgriDataValue, presenta este breve vídeo realizado por Saint-Émilion | AgriDataValue Consortium Partner:

Más allá de las heladas: otras aplicaciones en el viñedo

El mismo enfoque basado en datos puede aplicarse a otros ámbitos clave de la gestión del viñedo mediante la integración de monitorización meteorológica y del suelo, tecnologías edge-cloud, imágenes georreferenciadas y datos multiespectrales obtenidos mediante drones y satélites.

Estas herramientas pueden contribuir a:

  • monitorizar el estado fisiológico de la vid, incluido el vigor vegetativo y el estrés hídrico;
  • identificar de forma precoz las condiciones favorables para el desarrollo de las principales enfermedades de la vid;
  • optimizar el momento de aplicación y la localización de los tratamientos fitosanitarios
  • evaluar el impacto de la sequía, las altas temperaturas y otros tipos de estrés climático;
  • identificar las zonas más vulnerables del viñedo y adaptar en consecuencia el riego, la gestión de la vegetación y otras prácticas agronómicas.

El objetivo es transformar los datos obtenidos en el viñedo en información útil para la toma de decisiones en protección del cultivo, gestión agronómica y calidad de la uva.