El proyecto europeo Enocork está llevando a cabo una investigación para la puesta a punto de una nariz electrónica capaz de detectar en los tapones la presencia de contaminantes responsables del gusto a corcho en el vino.
 
El sistema Enocork se basa en una tecnología ya utilizada en las narices electrónicas, sistemas que permiten la detección de compuestos orgánicos volátiles incluso a concentraciones muy bajas. El uso de una nariz electrónica para detectar la presencia de contaminantes en los tapones de corcho inmediatamente antes del embotellado permitirá desechar los tapones contaminados antes de que entren en la línea de embotellado.

Esta tecnología se podrá aplicar para analizar cada uno de los tapones y poder descartar aquellos que presenten un nivel de contaminación por encima de un cierto umbral.

Por tanto se trata de una tecnología ya en uso pero cuya aplicación debe ser optimizada para mejorar la velocidad de uso, reducir los costes de fabricación y por tanto hacerla competitiva.
El objetivo es crear la primera y más precisa nariz electrónica para la detección de haloanisoles.