A mediados de los años 90, se detectó la presencia de una micotoxina, la Ocratoxina A, en vinos, jugos de uva y pasas de uva. Análisis realizados en Dinamarca y Finlandia, durante 1997 y 1998, han demostrado que el vino podía contener cantidades significativas de esta micotoxina. La Ocratoxina A contamina también los cereales, la cerveza, el café, el cacao. A partir de ese momento, numerosos trabajos, incluidos los del ICV, han favorecido una mejor comprensión de su importancia, los factores de desarrollo y las posibilidades de prevención.