Un proyecto del AGWA, financiado por el AWRI, está intentando determinar qué compuestos químicos, entre todos aquellos medibles en la uva, se pueden utilizar individualmente o en combinación para determinar la calidad y estilo de la uva.
 
Paul Smith, responsable del proyecto, y sus colegas Keren Bindon y Leigh Francis están completando los resultados de varios años de trabajo con el fin de identificar los análisis que podrían convertirse en procedimientos estándar en las bodegas.
 
Al inicio del proyecto, la atención se dirigió especialmente a la determinación de las sensaciones frutales para obtener una descripción detallada. Los investigadores recogieron 60 muestras de cada una de las siguientes variedades: Shiraz, Cabernet y Chardonnay, provenientes de las regiones de Riverland.
 
A continuación, con Accolade, compararon lo que la química del vino decía sobre la fruta de cada parcela, con la evaluación y clasificación realizada por los viticultores según sus procedimientos habituales.
 
Actualmente está en marcha la segunda fase del proyecto, que consiste en evaluar si existen determinaciones químicas que ayuden a determinar qué tipo de vino produce una determinada parcela (por ejemplo, un Chardonnay con poco cuerpo o uno tropical).
 
Esta vez pidieron a Accolade que proporcionase cuatro diferentes lotes de fruta, cada uno representativo de un estilo diverso. Tras analizar las uvas, las transformaron en vino y próximamente buscarán en el vino qué compuestos sobreviven al proceso de vinificación.
 
La investigación continuará hasta finales de este año y está prevista una relación final para la mitad de 2016.