Desde que el añejamiento atípico (ATA) fue detectado por primera vez en Alemania en 1988 se propusieron muchas soluciones a este problema. Sin embargo, todavía falta la última respuesta a lo que está causando el ATA y por qué aparece en algunos vinos y en otros no. Hay una opinión unánime en cuanto a que el ATA proviene del viñedo y que las medidas enológicas pueden, como mucho, retrasar su aparición pero nunca solucionar el problema por completo. El ATA ha sido atribuido a la formación del 2-aminoacetofenona (2AAF) (Rapp et al., 1993), cuya presencia en una concentración de alrededor de 0,7-1,0 µg/L parece ser el umbral de percepción (Rapp y Versini, 1995). Las características de los vinos están a menudo acompañadas por una percepción de amargo. A pesar de que el ATA resulta de un problema fisiológico de la vid, aún no estamos en condiciones de determinar los procesos (cadena de acontecimientos) que causan finalmente el problema. Han habido indicios que demuestran que la falta de nitrógeno, falta de agua, cosechas tempranas, competencia de las cuberturas vegetales y exceso de carga pueden causar el ATA. No obstante, para la mayoría de los factores mencionados anteriormente existen excepciones a la regla.